jueves, 22 de marzo de 2012

EL TEATRO COLON HIZO SU PRIMER FUNCION ON LINE

Fuente: Diario Clarin 22-3-2012 Por Bárbara Alvarez Plá 

Nunca antes el Teatro Colón había dado cabida a tanto público como en la tarde de ayer. De hecho, todo el mundo –literalmente– tuvo la oportunidad de asistir a la función de las 17 horas que, por primera vez, y anunciada como “Ciberlírica”, se emitió online, y de forma gratuita, desde la página web del Teatro. El anuncio, no podía ser de otra manera, corrió ayer a través de Twitter.
La pieza elegida para la inusual transmisión fue la misma que la semana pasada abriera la temporada lírica 2012 del Colón. Esta fue la última de las cuatro funciones del oratorio La Pasión según San Marcos , del compositor argentino Osvaldo Golijov, bajo la dirección de la venezolana María Guinand, que durante todo el espectáculo bailó y cantó dejándose llevar por este bizarro ejemplo de mezcla de ritmos y tradiciones.
Y es que La Pasión de Golijov es diferente: sin ser una ópera, se presenta como un drama musical. Una obra escénica vestida con ricas coreografías, y un coro, (el de la Schola Cantorum de Venezuela), y unos solistas que constantemente cambian de disposición y van alternando sus roles. Su creador, (y también director escénico), la definió como una obra coral.
Una obra en la que vemos a un Jesús mulato que hace su camino, sin corona de espinas y portando una cruz invisible.
Y aún hay más novedades, y es que la de Golijov es una Pasión en clave latinoamericana, con un viacrucis que va de Cuba a Brasil, a golpe de percusión, viento, cuerda; y capoeira, y violines; y salsa, y rumba y un toque de murga, de flamenco, y de tango. Y hasta la melodía de “Todavía cantamos”, de Victor Heredia, adaptada para la ocasión.
Dos orquestas en el escenario: la Orquesta La Pasión y la Orquesta Estable del Teatro Colón.
Parece necesario, en este punto, hacer un poco de historia, y recordar que el impactante estreno de La Pasión de Golijov tuvo lugar en Stuttgart, Alemania, en el año 2000, abriendo a su creador –que desde 1986 vive en los Estados Unidos– las puertas del estrellato.
La obra tuvo su origen en un encargo que el director de la Academia Bach le hizo a cuatro compositores con motivo de la conmemoración de los 250 años de la muerte del compositor alemán.
Después de su estreno, La Pasión...
se presentó en varios países hasta que el miércoles pasado llegó a la Argentina, y ayer, online, otra vez a todo el mundo.

viernes, 16 de marzo de 2012

ARGUMENTO DEL BARBERO DE SEVILLA


Lugar: Sevilla, España.
Época: siglo XVII.

Acto I

Plaza enfrente de la casa del doctor Bartolo, en Sevilla
En una plaza pública en las afueras de la casa del viejo doctor Bartolo, una banda de música y un pobre estudiante llamado Lindoro están dando una serenata, sin resultado, ante la ventana de Rosina (Ecco ridente in cielo - "Aquí, riendo en el cielo"). Rosina es una pupila del doctor y éste quiere casarse con ella. Lindoro, quien en realidad es el joven Conde Almaviva disfrazado, espera conseguir que la bella Rosina le ame por sí mismo y no por sus títulos o su dinero. Almaviva paga a los músicos cuando se marchan, quedando él entristecido y solo.
Fígaro, que presume de ser el barbero más famoso de Sevilla y de que eso le abre todas las puertas, se acerca cantando (Aria: Largo al factotum della città - "Abrid paso al factótum de la ciudad"). Aprovechando que Fígaro fue en el pasado sirviente del Conde, éste le pide ayuda para encontrarse con Rosina, ofreciéndole dinero en caso de que logre arreglarlo. (Duo: All'idea di quel metallo - "A la idea de aquel metal"). Fígaro aconseja al Conde que se disfrace de soldado borracho, para que le sirva de pretexto para que el doctor Bartolo le dé alojamiento en su casa. Fígaro es generosamente recompensado por esta sugerencia.
Casa del doctor Bartolo
La escena comienza con la cavatina de Rosina: Una voce poco fa - "Una vocecita hace poco". (Esta aria fue originalmente escrita en la tonalidad de Mi mayor para una voz de mezzosoprano, pero a veces se traspone un semitono hasta Fa mayor para que lo interpreten sopranos de coloratura, dándoles la oportunidad de cantar cadencias extras ligeramente tradicionales a veces llegando a Res altos o incluso Fas, como en el caso de las interpretaciones de Diana Damrau.)
Rosina escribe una carta a Lindoro. Conforme está abandonando la habitación, entran el Dr. Bartolo y D. Basilio, un profesor de música. Éste le cuenta sobre la llegada a Sevilla del conde de Almaviva enamorado en secreto de Rosina. Bartolo sospecha del Conde y pretende firmar el acta de casamiento con Rosina ese mismo día, y Basilio le aconseja que se quite de en medio al conde creando rumores falsos sobre él (esta aria, La calunnia è un venticello - "La calumnia es un vientecillo" casi siempre se canta un tono inferior a la original en re mayor).
Cuando los dos se han ido, entra Fígaro a la casa y se entrevista con Rosina. Fígaro le pide a Rosina que escriba una carta a Lindoro y que Fígaro le hará llegar a Lindoro. (Dúo: Dunque io son…tu non m'inganni? - "Entonces yo soy la que... ¿no me estás engañando?"). Aunque sorprendida por Bartolo, Rosina consigue engañarlo, pero sigue sospechando. (Aria: A un dottor della mia sorte - "A un doctor como yo").
Conforme la sirvienta del Dr. Bartolo, Berta,  intenta abandonar la casa, se encuentra con el Conde disfrazado de soldado ebrio. Temiendo a este borracho, Berta se apresura a acudir donde Bartolo en busca de protección e intenta alejar al supuesto borracho, pero no lo logra. El Conde consigue unas palabras con Rosina, susurrándole que es Lindoro y entregándole una carta. El vigilante Bartolo sospecha y exige saber qué es esa pieza de papel en las manos de Rosina, pero ella le engaña entregándole la lista de la lavandería. Bartolo y el Conde empiezan a discutir y, cuando Basilio, Fígaro y Berta aparecen, el ruido atrae la atención del oficial de la guardia y sus hombres. Bartolo cree que el Conde ha sido arrestado, pero Almaviva sólo tiene que mencionar su nombre al oficial para quedar en libertad. Bartolo y Basilio están asombrados, y Rosina se burla de ellos. (Final: Fredda ed immobile - "Fría e inconmovible").

Acto II

Casa del doctor Bartolo
Almaviva de nuevo aparece en casa del doctor, esta vez disfrazado como alumno de canto y pretendiendo actuar como un sustituto de su supuestamente enfermo maestro Basilio, el habitual maestro de música de Rosina. Inicialmente, Bartolo sospecha, pero permite a Almaviva entrar cuando el conde le da la carta de Rosina. En ella describe su plan de de Bartolo de desacreditar a Lindoro quien él cree que es un sirviente del Conde que pretende conseguir mujeres para su amo. Para no dejar a Lindoro solo con Rosina, el doctor Bartolo hace que Fígaro le afeite. (Quinteto: Don Basilio! — Cosa veggo! - "¡Don Basilio! — ¿Qué veo?").
Cuando Basilio aparece de repente, le sobornan con una bolsa de Almaviva para que se finja enfermo. Finalmente Bartolo detecta el truco, echa a todo el mundo de la habitación y se apresura a ir a un notario para redactar el contrato de matrimonio entre él y Rosina. También muestra a Rosina la carta que ella escribió a "Lindoro", y la convence de que Lindoro es meramente un servidor de Almaviva.
La escena queda vacía mientras la música crea una tormenta. El conde y Fígaro suben por una escalera hasta el balcón y entra en la habitación por la ventana. Rosina muestra la carta a Almaviva y expresa sus sentimientos. Almaviva revela su identidad y los dos se declaran su amor. Mientras Almaviva y Rosina están absortos el uno en el otro, Fígaro les urge que se marchen. Se oye a dos personas que se acercan a la puerta, e intentando escapar por la escalera, se dan cuenta de que la han quitado. Los dos que se acercan son Basilio y el notario y Basilio tiene que elegir entre aceptar un soborno y ser testigo o recibir dos balas en la cabeza (una elección fácil, dice él). Él y Fígaro firman como testigos el contrato de matrimonio entre el conde y Rosina. Bartolo entra pero es demasiado tarde. El aturdido Bartolo (que era quien había quitado la escalera) queda tranquilo cuando le permiten quedarse con la dote de Rosina.

“EL BARBERO DE SEVILLA”   versiones en DVD
·  1982: John Rawnsley; Maria Ewing; Cossotti; Desderi (Bartolo); Furlanetto (Basilio); Orquesta y coro del Festival de Glyndebourne; Cambrelling (director); Cox (director); Heather (director del video). Castle VHS/Warner DVD Es la versión que compartiremos en nuestro primer encuentro 2012, y les sugerimos otras más nuevas por si quieren compararlas
·  1987: Leo Nucci; Kathleen Battle; Blake ; Dara (Bartolo); Furlanetto (Basilio); orquesta y coro de la Metropolitan Opera; Weikert (director), John Cox (director); Large (director del video) DG VHS/DVD
·  1988: Gino Quilico; Cecilia Bartoli; Kuebler; Feller (Bartolo); Lloyd (Basilio); Coro de la ópera de Colonia/Orquesta sinfónica de la radio de Stuttgart; Ferro (director); Hampe (director); Viller (director del vídeo). RCA VHS/Art Haus Musik DVD
·  1992: David Malis; Jennifer Larmore; Richard Croft; Ópera de los Países Bajos; Alberto Zedda (director); Hulscher (director). Image DVD
·  2001: Manuel Lanza, Vesselina Kasarova, Reinaldo Macias, Carlos Chausson, Nicolai Ghiaurov, Ópera de Zúrich, Nello Santi
·  2002: Dalibor Jenis, Joyce DiDonato, Roberto Sacca, Carlos Chausson, Kristinn Sigmundsson, Ópera de París, Bruno Campanella.
·  2005: Pietro Spagnoli, María Bayo, Juan Diego Flórez, Ruggero Raimondi, Bruno Pratico, Teatro Real de Madrid, Emilio Sagi, Gianluigi Gelmetti
·  2008: Rinat Shaham (Rosina); Francesco Meli (Conde); Roberto Frontali (Fígaro); Antonino Fogliani (director); Bepi Morassi (director); orquesta y coro del Teatro La Fenice de Venecia. Dynamic (discográfica) Cat.33597
·  2010: Simon Keenlyside, Joyce DiDonato, Juan Diego Flórez, Ferruccio Furlanetto, Alessandro Corbelli, Covent Garden, Antonio Pappano (director). Virgin Classics. DVD.

jueves, 9 de febrero de 2012

EL BARBERO DE SEVILLA 1ª PARTE

1913 - Los cinco personajes claves de la comedia :
 Fígaro, Rosina, Almaviva, Doctor Bartolo y Don Basilio
El barbero de Sevilla (título original en italiano, Il barbiere di Siviglia) es una ópera bufa en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto en italiano de Cesare Sterbini, basado en la comedia del mismo nombre (1775) de Pierre-Augustin de Beaumarchais. El estreno (bajo el título Almaviva, o la precaución inútil) tuvo lugar el 20 de febrero de 1816, en el Teatro Argentina, Roma. Fue una de las primeras óperas italianas que se representó en los Estados Unidos de América, estrenándose allí en el Park Theater de Nueva York el 29 de noviembre de 1825. El barbero de Rossini ha demostrado ser una de las grandes obras maestras de la comedia dentro de la música, y ha sido descrita como la ópera bufa de todas las óperas bufas Incluso después de doscientos años, su popularidad en la escena de ópera moderna atestigua su grandeza. 
Antecedentes
Previamente se escribieron otras obras de la misma temática: El barbero de Paisiello triunfó por un tiempo sobre la de Rossini. También en 1796 Nicolas Isouard compuso otra. Al final, la versión posterior de Rossini es la que ha soportado mejor el paso del tiempo y es la única que se mantiene en el repertorio. Sólo en el Metropolitan Opera de Nueva York, desde su estreno en 1883, se han llevado a cabo 820 representaciones.
La ópera de Rossini relata la primera de las obras de la trilogía de Fígaro, por el dramaturgo francés Pierre Beaumarchais, mientras que la ópera de Mozart Las bodas de Fígaro, compuesta 30 años antes en 1786, se basa en la segunda parte de la trilogía de Beaumarchais. La versión original de Beaumarchais fue estrenada en 1775, en París, en la Comédie-Française del Palacio de las Tullerías.
Rossini era bien conocido por ser muy productivo, componiendo generalmente dos óperas por año a lo largo de 19 años (en algunos años llegó a componer cuatro). Rossini se había comprometido a escribir dos óperas para el carnaval de Roma de 1816. La primera se acabó el 26 de diciembre de 1815 y el mismo día se puso a hacer la segunda para el 20 de enero de 1816, sin ningún conocimiento de lo que el libreto sería. Sterbini le proporcionó la historia del Barbero, y tan pronto como entregó los versos, Rossini escribió la música. Toda la obra se terminó en menos de tres semanas. Su título original fue Almaviva, o sea la precaución inútil para distinguirla del Barbero de Sevilla de Paisiello.
La obertura original se perdió de alguna manera y fue sustituida por la de su otra ópera Aureliano. En la escena debajo del balcón de Rosina, García introdujo un aria española de su propia producción; pero fracasó, y antes de la segunda representación Rossini escribió la bella cavatina Ecco ridente il cielo que la sustituyó, tomando la melodía del coro inicial de Aureliano , que a su vez era de otra de sus obras, Ciro en Babilonia.
El tema de su efectivo trío Zitti, zitti fue tomado de las Estaciones de Haydn, y el aria cantada por Berta (Il vecchiotto cerca moglie), proviene de una melodía rusa que había oído cantar a una dama en Roma. Para la escena de la lección de música, Rossini escribió un trío que se ha perdido; y así se ha dado la oportunidad a las Rosinas de interpolar lo que ellas prefieran.

Representaciones 

La primera representación de El barbero se produjo el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma. Fue un fracaso desastroso: la audiencia silbó y abucheó, y ocurrieron varios accidentes en escena. Uno de los cantantes dio un paso en falso y cayó en medio del escenario causando la burla de todos. Por otra parte, a uno de los músicos en plena ejecución se le rompió una cuerda de su instrumento y por si todo esto fuera poco, de improviso un gato dio un salto y apareció en el escenario.

Rossini prefirió salir y poco después exclamó "Tuve que huir ante la actitud de un público desenfrenado. Yo creía que me iban a asesinar". Sin embargo, muchos entre el público eran partidarios de uno de los rivales de Rossini, Giovanni Paisiello, quien recurría a la "mentalidad del populacho" para provocar al resto de la audiencia y que la ópera les disgustara. Paisiello ya había compuesto El barbero de Sevilla y tomó la nueva versión de Rossini como una afrenta personal. En particular, Paisiello y sus seguidores se oponían al uso del bajo bufo, que es común en la ópera cómica.  La segunda interpretación se encontró con una suerte bien distinta, convirtiéndose en un sonoro éxito. Es curioso señalar que la obra original en francés, Le Barbier de Séville tuvo una historia similar, odiada al principio sólo para convertirse después en una obra favorita en una semana.
La contralto Geltrude Righetti Giorgi fue la primera Rosina de la historia mientras que el papel de Almaviva fue asignado por el mismo Rossini al gran tenor español Manuel del Pópulo Vicente García.
En España se estrenó en 1818, en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona y en Argentina fue la primera ópera que se representó el 3 de octubre de 1825 por un grupo de cantantes que habían llegado hasta Brasil y fueron contratados por el presidente Bernardino Rivadavia. Figuró en la primera temporada del Teatro Colón ( 1908) a cargo de Titta Ruffo y Fiódor Ivánovich Shaliapin, y se representó en 32 temporadas haciéndola la sexta ópera más popular en la historia del coliseo porteño.
El barbero de Sevilla sigue siendo una de las óperas más populares; en las estadísticas de Operabase aparece como nº 9 entre las cien óperas más representadas en el período 2005-2010, siendo la 5ª en italiano y la primera de Rossini.
La conocidísima obertura de esta ópera se toca con frecuencia como pieza de concierto. Su carácter alegre, chispeante y humorístico prepara al público para las divertidas circunstancias y enredos de la trama argumental. Se sabe que su música había sido utilizada por el compositor como obertura de dos óperas anteriores. Sin embargo, ha quedado ligada de manera permanente a ésta, una de sus obras maestras.
La obertura también fue utilizada como marcha de la banda de guerra del Ejército Mexicano en tiempos del general Santa Anna. También es ampliamente conocida el aria Largo al factótum, interpretada por Fígaro y que da cuenta de la importancia que éste se atribuye en la obra.
El papel de Rosina, aunque escrito para una contralto de coloratura , es frecuentemente cantado por una mezzosoprano de coloratura, y  tanto en el pasado como ocasionalmente en  tiempos más recientes, también ha sido cantado en trasposición para  sopranos de coloratura como Marcella Sembrich, Maria Callas, Roberta Peters, Gianna D'Angelo, Victoria de los Ángeles, Beverly Sills, Lily Pons, Diana Damrau, Kathleen Battle y Luciana Serra. Famosas mezzosopranos que han cantado Rosina recientemente son Marilyn Horne, Teresa Berganza, Lucia Valentini Terrani, Cecilia Bartoli, Joyce DiDonato, Jennifer Larmore, Elīna Garanča, y Vesselina Kasarova. Una famosa Rosina contralto ha sido Ewa Podleś.

VOLVIENDO

Hola a todos,después de las vacacionesa volvemos a encontrarnos y acá va nuestra primera entrada del año, anticipando la obra con la cual abrimos el ciclo 2012 en el Honorable Concejo Deliberante de Vicente López
En esta primera entrega hablaremos de los antecedentes de la obra y sus representaciones, y en la próxima les ofreceremos un completo resumen del argumento

que lo disfruten !!!

martes, 4 de octubre de 2011

Lohengrin de Wagner en el Teatro Colón


Imponente puesta de la ópera de Richard Wagner en el Teatro Colón. Lohengrin es el sexto título de la presente temporada lírica en el máximo coliseo de este lado del mundo y como tal no pasó en absoluto desapercibido. Puede ser por su director de escena, Roberto Oswald, quién sorprendió con una cuidada creación llena de simbolismos y una colosal presencia de la iluminación. O por una Orquesta que sonó de manera ajustada de principio a fin en manos del director Ira Levin, logrando por momentos un juego de sonidos en el que los músicos se mudaron, cada vez que fue necesario, del foso a detrás de escena o a los palcos. Brillante creación de Levin con sus músicos para un Lohengrin que dejó mucho más de lo hasta acá expuesto.
El barítono James Johnson fue, por confirmadas percepciones, el mejor intérprete de este “Lohengrin” que tuvo en general varios desaciertos en la interpretación de sus voces. Johnson llevó adelante el personaje de Friedrich de Telramund, un ser noble y honesto que a la sombra de su esposa queda inmerso en la  desgracia, la mentira y la deshonra. El “Telramund” de Johnson es brillante, una voz impecable con una emisión importante y sin altibajos. Es que Johnson es un experimentado intérprete que deslumbra desde hace años en las principales salas líricas del mundo. Un gran cantante y actor, el resultado es claro: un vasto artista profesional dentro de un mundo donde la perfección es el objetivo. Johnson fue la estrella de este “Lohenhgrin” que deja claras deudas en el rol de los cantantes si tenemos en cuenta que Friedrich de Telramund es el tercer papel en orden de prioridad de la obra.
La mezzosoprano Janina Baechle en la piel de Ortrude, esposa de Telramund, llevó adelante su interpretación con deslealtades en la emisión de su voz, cuenta con un buen timbre y volumen considerable pero su tesitura no es estable y a raíz de esto su interpretación fue incontrolable y poco armoniosa. Su caracterización de la hechicera es muy buena pero no fue suficiente en un espacio en el que por sobre todo importa el canto. Una vez  finalizada la obra Janina Baechle no salió al escenario a saludar dejándonos a los presentes la inquietud de “por qué”, si fue por algún motivo personal o para evitar el abucheo del público. Si fuera por esta rechazable práctica pregunto: ¿Quién está en condiciones de abuchear a alguien? Existen ovaciones, aplausos e indiferencia a la hora de premiar a un artista, pero abuchear es como mínimo un signo de mala educación. Dicha devolución no debería existir en un contexto infinitamente valioso como el del arte.
Continuando con los intérpretes de la ópera es justo destacar a un “tímido” Richard Crawley que fue fortaleciendo su presencia vocal a medida que se sucedían los actos. Crawley, quien carece de un volumen considerable, fue de menor a mayor dejándonos muy complacidos con su interpretación de “Lohengrin” que mereció una importante ovación en el final. Su voz, de buen timbre y vibrato igualado en el tercer acto, fue una demostración de importante madurez vocal. Por su parte la soprano danesa Ann Petersen cumplió de muy buena manera el rol de Elsa de Brabante por poseer una importante voz aunque lamentablemente no se conjuga con una buena y constante emisión. Debo decir que su caracterización de Elsa de Brabante me hacía ver en escena a la grandiosa Joan Sutherland ya que su parecido físico era notable. Por momentos me dejaba llevar por su voz y su imagen y era como estar asistiendo a la increíble presencia de la tan recordada diva.
Lohengrin narra la historia de un caballero del Grial e hijo de Parzival que viaja al reino de Brabante a orillas del Escalda, reino de Heinrich I, para defender a la princesa Elsa quien fue acusada por la hechicera Ortrud y su marido Telramund de un crimen que no cometió. Estos personajes protagonizan la historia de Lohengrin de Wagner. El papel de Heinrich I lo llevó adelante el bajo Kurt Rydl quién descolló en su interpretación. Su voz flexible de bajo ligero le da brillo a un personaje justo y noble.
Hay que destacar de la obra en general al dúo de Ortrude y Telramund en el comienzo del segundo acto “Erhebe dich, Genossin meiner Schmach!”, donde el barítono James Johnson y la mezzosoprano Janina Baechle se lucen en un contexto oscuro y perverso muy bien delineado por Roberto Oswald. También es de destacar el dúo de Elsa con Lohengrin del tercer acto “Atmest du nicht mir die süssen Düfte”, con brillantes exposiciones del tenor Richard Crawley y la soprano danesa Ann Petersen. Una mención especial merecen los fragmentos corales, muy presentes en esta obra y a los que Wagner les da un carácter de jurado constante de la acción, de lo que sucede en escena, haciéndolos partícipes de las decisiones. El Coro Estable del Teatro Colón bajo la dirección del maestro Peter Burian no dejo lugar a dudas, fue una eximia e imponente presencia vocal!
Decía que Lohengrin en el teatro Colón no pasó para nada desapercibido y como principal motivo mencioné la puesta en escena de Roberto Oswald. El experimentado reggie quiso con esta nueva puesta de Lohengrin (quinta en su haber de esta obra) llevar a escena una propuesta basada en los símbolos de Lohengrin y su leyenda. Una puesta sencilla que nos da espacio para crear nuestra propia idea de la leyenda del caballero del Grial. “Una presentación minimalista” según su autor que para mí dejó mucho más que el simbolismo y el surrealismo de la idea, dejó la firme sensación de que Lohengrin puede vivir en algún lugar al que todos podemos acceder y a su vez dejarnos llevar al surrealismo de un ser de luz que asiste a la humanidad en pos de un mundo mejor hasta que la realidad se encarga de despedirlo con su crudeza y sádica visión de lo palpable. Nada existe si no lo vemos.
Lohengrin de Wagner fue el sexto título de la presente temporada del Teatro Colón y no pasó desapercibido, tuvo momentos muy buenos y otros no tanto… ¿Acaso no se trata de una obra de Wagner? Un compositor y hombre que nunca resultó inadvertido en vida y no solo por ser un genio de la música. Después de todo, de eso se trata la existencia.

Fuente: Alejandro Villarreal  – Director de hagaselamusica.com

lunes, 19 de septiembre de 2011

Suor Angelica y Pagliacci

Puccini y Leoncavallo, reunidos por Buenos Aires Lírica
Por Pablo Kohan  | Para LA NACION
Concierto : Suor Angelica, de Puccini, y Pagliacci, de Leoncavallo. Elenco : Florencia Fabris (Suor Angelica y Nedda), Elisabeth Canis (la tía princesa), Luis Lima (Canio), Omar Carrión (Tonio), Ernesto Bauer (Silvio), Fermín Prieto (Beppe) y elenco. Xregie : Mario Perusso XXDirección. Dirección : Carlos Vieu. Temporada : Buenos Aires Lirica. Sala : Teatro Avenida
Nuestra opinión: buena
Hace cuatro años, Buenos Aires Lírica cerró su temporada con El tríptico de Puccini reducido, en aquella oportunidad, a dos óperas, sin Suor Angelica . Tal vez por aquella decisión, lícita en sí misma, por supuesto, sea que se optó, en esta ocasión, por incorporar a la hermanita olvidada como acompañante de Pagliacci, en lugar de Cavalleria rusticana , su habitual camarada de rutas. El asunto es que las óperas de Mascagni y Leoncavallo, las dos óperas que instalaron el verismo en la historia de la música, se ajustan y complementan a la perfección por cuestiones textuales y contextuales y por andar juntas bajo el mismo paraguas de las propuestas musicales, teatrales y estéticas. La alianza Puccini-Leoncavallo, en este orden, a través de Suor Angelica y Pagliacci , en cambio, no parece ser la mejor combinación. Valiosas las dos y separadas por veinticinco años, no parecen potenciar una a la otra y su reunión, en un único espectáculo, parece asentarse sólo en la relativa brevedad de ambas y en ser cantadas en italiano. Pero si musicalmente están bastante lejos una de la otra -en El tríptico , Puccini sumaba a su gloriosa historia algunos de los nuevos recursos de los años 10, del siglo pasado, y Leoncavallo, por su parte, en 1892, sobre una clara expresividad romántica, no salía de lo habitual, apenas con alguno que otro cromatismo tenuemente intentado-, en sus puestas en escena, tampoco pudo percibirse alguna unidad conceptual que sobrevolara por encima de las dos y que aportara alguna ilación.
Suor Angelica es una ópera de argumento concentrado y su devenir dramático y escénico podría reducirse, sucesivamente, al cuadro colectivo de apertura, los diálogos breves entre las hermanas del convento, el diálogo duro de Suor Angelica y su tía, el lamento de la protagonista y, por último, el desenlace. La acción transcurre dentro de una escenografía tradicional, con una iluminación cuanto menos extraña, con zonas de oscuridad o de escasa claridad, sin marcaciones actorales que puedan percibirse como destacadas y con la presencia ocasional de caminantes que, simbolismo de escaso atractivo visual, tal vez representen ese mundo exterior al cual Suor Angelica no deja de recordar. Pero, además, tampoco hubo una realización musical esplendorosa. Florencia Fabris es una muy buena cantante cuando se pasea por los agudos pero careció de mayor densidad en los graves. Y este papel exige una soprano que pueda asentarse con firmeza en sus bajos. Elisabeth Canis exhibió su buen canto pero, teatralmente, se mostró exageradamente dura y monocorde en su papel de mujer desamorada.
En la segunda parte, todo cambió, sencillamente, porque Luis Lima entró en el escenario y aún cuando pudiera suponerse que ya está en su ocaso -tan sólo por cuestiones de edad-, su presencia, vocal y actoral, quizá contraproducentemente, sirvió para demostrar qué distancia hay entre un cantante de excelencia y otros que no avanzaron mucho más allá de una muy loable corrección. No hay reparos, por cierto, hacia Fabris, Omar Carrión, Ernesto Bauer y Fermín Prieto, pero, efectivamente, el gran tenor cordobés, que, créase o no, debutaba en el papel de Canio, juega en las grandes ligas y, concretamente, se siente. Fue interesante la idea de Perusso de transformar a la ópera en una película cuyos títulos fueron proyectados en el Prólogo y su traslación de un pueblo a una pequeña ciudad de los años 20. Muy apropiada fue la dirección de Carlos Vieu y todo transcurrió por los senderos de la corrección. Salvo cuando Luis Lima nos transportaba a otra dimensión. Y si Messi, en soledad, no logra que la selección juegue como el Barcelona, Lima tampoco pudo, aún con su inmensa capacidad, hacer que esta función se acercara al Metropolitan..