Una gran terraza en el Palacio de Herodes, por encima de una sala de
banquetes. Algunos soldados se asoman a la balconada. A la derecha hay una gran
escalera, a la izquierda, en el fondo, una vieja cisterna rodeada por un muro
de bronce verdoso. La luna luce muy brillantemente.
Transcurre en una noche de luna llena en el palacio de emperador, durante el
reinado de
Herodes Antipas y narra la historia de
Salomé y
Juan el
Bautista (Jokanaán).
Narraboth mira desde una terraza en el palacio de Herodes a una sala de
banquetes a la bella princesa Salomé; está enamorado de ella, y
la tiene
divinizada, para gran temor y disgusto del paje de Herodías. Se oye
la voz del profeta Jokanaán desde su prisión en la cisterna del palacio;
Herodes lo tene y ha ordenado que nadie contacte con él, incluyendo el Sumo
Sacerdote de Jerusalén.
Hastiada de la fiesta que se celebra en palacio y sus invitados, la joven
princesa de Judea, Salomé, huye de la terraza. Cuando oye a Jokanaán
maldiciendo a su madre (Herodías), se suscita la curiosidad de Salomé. Pide ver
al extraño prisionero que alojado en la cisterna proclama la llegada del
Mesías. Los guardas del palacio no le obedecen sus petulantes órdenes, así que
ella bromeando, consigue de Narraboth que le traiga a Jokanaán ante ella. A
pesar de las órdenes que ha recibido de Herodes, Narraboth finalmente cede ante
las promesas de ella de sonreírlo.
Jokanaán sale de la cisterna y grita profecías en relación con Herodes y
Herodías que nadie entiende excepto Salomé cuando el profeta se refiere a su
madre. Al contemplarlo, Salomé siente un incontenible deseo por él, alabando su
piel blanca y pidiebdo tocarlo, pero él la rechaza. Ella entonces alaba su pelo
negro, pidiéndole de nuevo tocarlo, pero de nuevo es rechazada. Al final ella
pide un beso de los labios de Jokanaán y Narraboth, que no soporta oír esto, se
suicida.
Mientras devuelven a Jokanaán al pozo, reza por la salvación a través del
Mesías.
Entra Herodes, seguido por su esposa y la corte. Se resbala en la sangre de
Narraboth y comienza a sentir
alucinaciones.
Oye el batir de alas. A pesar de las objeciones de Herodías, Herodes mira
fijamente y con lascivia a Salomé, quien lo rechaza. Jokanaán hostiga a
Herodías desde el pozo, diciendo que es
pecaminoso su
incestuoso
matrimonio con Herodes. Ella exige que Herodes lo silencie. Herodes se niega, y
ella se burla de su temor. Cinco judíos discuten sobre la naturaleza de Dios.
Dos nazarenos hablan de los
milagros de
Jesucristo; en un determinado momento, hablan de la
resurrección de
Lázaro de entre los muertos, algo que Herodes encuentra
aterrador.
Herodes pide a Salomé que coma con él, que beba con él; indolentemente, ella
lo rechaza dos veces, diciendo que no tiene hambre ni sed. Herodes entonces le
pide que baile para él,
Tanz für mich, Salome, aunque su madre pone
objeciones. Él promete recompensar los deseos de su corazón, cualquier deseo
que tenga, aunque sea la mitad de su reino.
Salomé le hace jurar que cumplirá su palabra, ella se prepara para la
Danza de los siete velos. Esta
danza, de una orquestación muy oriental, consiste en que ella lentamente se va
quitando los velos uno a uno, hasta que queda desnuda a sus pies. Salomé pide
su deseo: la cabeza del profeta en un bandeja de plata. Su madre se ríe
socarronamente de placer.
Herodes intenta desesperadamente satisfacerla con otras cosas ofreciéndole
joyas, pavos reales, y el velo sagrado del Templo. Pero ella está convencida de
que lo único que desea es la cabeza del hombre. Permanece firme en su exigencia
de la cabeza de Jokanaán. Finalmente Herodes accede.
La ejecución del Bautista es el punto álgido de la obra, no se ve en escena
pero la orquesta es la encargada de registrar el momento. Después de un
desesperado monólogo de Salomé, un guardia le entrega la cabeza en una bandeja.
Salomé declara su amor a la cabeza cortada, besando finalmente los labios del
profeta apasionadamente (
Ich habe deinem Mund geküsst - "He besado
tu boca") ante la mirada espantada de los presentes. En el momento en que
la princesa besa la cabeza sangrante del profeta, disgustado, el aterrorizado y
muy supersticioso Herodes ordena a los soldados que la maten.
Cuatro famosas intérpretes de SALOMÉ
LIUBA WELITSCH , ASTRID VARNAY (arriba ) , ANJA SILJA y LEONIE RYSANEK (abajo)